sábado, 28 de diciembre de 2013

Raúl Wiener: Perú, se prepara un "golpe"


Después de la crisis del “operador montesinista” toma forma la conspiración política.

La información que tenemos desde hace algunos días indica que el presidente Humala ha reducido severamente sus salidas al interior del país y descartado cualquier viaje al extranjero, porque sobre su mesa se encuentra un informe con varios sellos de reservado y secreto de la Dirección de Inteligencia, que dan cuenta de una serie de movimientos de personajes del APRA buscando contactos en la Policía con la finalidad de sondear la posibilidad de organizar una huelga contra los maltratos que se supone están recibiendo y que se concatenaría con una explosión de desorden con saqueos y violencia contra la propiedad pública y privada, que buscaría acorralar y debilitar al gobierno.

La decisión de impulsar una asonada que ha sido imaginada bajo el recuerdo del 5 de febrero de 1975 (huelga de policías y ola de saqueos y violencia en Lima, durante el gobierno de Velasco), habría sido adoptada en el más alto nivel de la dirección alanista que ha venido sesionando con una intensidad que no se le conocía, a lo largo de las últimas semanas. La evaluación es que el gobierno ha llegado a un aislamiento que lo hace enormemente vulnerable.

Más allá del plano estrictamente político, el gobierno ha perdido confianza entre los militares, especialmente la Marina y el Ejército (que se encuentran enfrentados por el control del Comando Conjunto y el VRAEM), y por supuesto en los distintos sectores de la Policía; está peleado con el Poder Judicial; mantiene a Castilla como el hilo que aún lo liga con la gran empresa donde se están acumulando descontentos; y tiene en contra al grupo mediático empresarial más poderoso que editorializa todos los días para zamaquearlo de un lado a otro.

En síntesis el gobierno está acosado seriamente desde la derecha y los poderes fácticos, cumplidos dos años desde que se peleó con su ala izquierda. En ese escenario preciso, la dirigencia de Alfonso Ugarte ha discutido lo que se debe hacer ante inminencia de la publicación de los informes de la Megacomisión. No es sólo que va a entrar en agenda la posibilidad de votar más de una moción de inhabilitación por infracción constitucional, o que se haya reunido munición suficiente para varios procesos judiciales. Más importante que todo eso es la censura social que se viene y la situación de virtuales rehenes del fujimorismo en que quedarán los del APRA al depender de su voto para no ser colgados.

En esa lógica, el caso López Meneses funciona como una especie de globo de ensayo de hasta dónde se le puede crear una crisis artificial al gobierno y hacerlo caminar en el sentido que sus enemigos le imponen.

Hasta hoy el tema del operador que se hace poner una guardia desmedida, camina orondo por instituciones militares y policiales, y se fotografía con medio mundo, carece de elementos de fondo, más allá del juego de mostrar con quién ha estado más relacionado a través del tiempo. Pero si una bagatela como esta tumba un ministro, un superasesor, una interminable cantidad de uniformados, suscita una pelea sin fin en el Congreso y hace desaparecer al nuevo primer ministro, es como para pensar la hipótesis de lo que pasaría en una crisis mucho más fuerte.

Las fuentes que hemos consultado indican además que el APRA ya ha iniciado consultas con fujimoristas y toledistas, aparentemente con el compromiso de proceder al enfriamiento de todas las investigaciones sobre corrupción y alcanzar la reconciliación de la clase política. A Toledo se le estaría ofreciendo un retiro honroso de la política y a Fujimori alguna forma de salida de la DIROES. Un abrazo de la corrupción, ni más ni menos.

¿Cuál podría ser el efecto de jugar a un nuevo 5 de febrero? Es inimaginable. Podría desde empujar a un golpe de Estado "estabilizador"; hasta crear una crisis de gobernabilidad que fuerce el reclamo de adelanto de las elecciones; hasta obligar al gobierno a rendirse y entrar al pacto de impunidad en nombre de la “unidad nacional”.

Por ahora, lo que se sabe, es que Ollanta ha reducido sus horas de sueño y el tiempo con sus hijos. Mientras tanto el clima político del país se enrarece. Cuando despunta el sol del verano, aumentan los nubarrones y los rumores de movidas políticas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario