jueves, 2 de febrero de 2017

Con danzas y fiesta multicolor Puno celebra a la virgen de la Candelaria


A orillas del lago Titicaca, rozando prácticamente el cielo, el pueblo de Puno rinde homenaje a la Virgen de la Candelaria. Y lo hace de la manera más vistosa posible: con danzas y vestimenta multicolor.

Ni en las mejores épocas del aguerrido Alfonso Ugarte, el equipo de fútbol más popular de Puno, ni en anteriores jornadas de adoración y fiesta en homenaje a la mamacha Candelaria, el estadio Enrique Torres Belón se había visto tan abarrotado como el domingo.



Miles de personas, entre autoridades, danzantes y aficionados, formaban colas interminables camino al recinto deportivo que, ese día, por un momento, se convirtió en una especie de teatro abierto de dimensiones colosales. En las puertas, la algarabía era tan ruidosa como el sonido de los instrumentos de metal y el jadeo de los músicos, empeñados en sacarles su mejor nota.

Ese domingo 29, Puno amaneció con música. La danza, la más esperada, llegó conforme las confraternidades folclóricas, provenientes de distintos puntos del altiplano, desplegaron sus coreografías, haciendo gala de sus indumentarias, diseñadas pensando en esta fiesta de homenaje a la patrona, a la Mamacha.

Cada indumentaria representaba a la localidad de donde provenía la agrupación artística. Esta vez, como ocurre cada año, no había indicios de que se hubiera escatimado costos en la confección. Vistosos, estos trajes pueden costar hasta 2,500 soles, si son antiguos, barrocos, tejidos con fibras animales o si están hechos a mano, con hilos dorados y perlas, porque también hay que impactar a la Mamacha.

La competencia entre vestuarios podría, incluso, separarse de la propia competencia de danza, pues en torno a ellos hay diseñadores de trajes, calzados, botas y hasta de máscaras. Y es que los trajes para la fiesta de la Candelaria se planifican y se diseñan hasta con un año de anticipación. Hay tal demanda que se ha generado un servicio de alquiler de trajes: hasta 300 soles por cada uno, dependiendo de la complejidad de su confección.

Y ese despliegue cromático se vio el domingo, cuando la música y la dinámica de la danza fueron imposibles de contener. Parte de la sorpresa fue la reaparición de los unkakus, una danza ancestral, guerrera, que utiliza huaracas.

A celebrar

En estos días de fiesta, incluso en los que anteceden a las fechas centrales (2 y 6 febrero), la ciudad en conjunto ejercita su derecho a celebrar. Es un tema de fe, de una tradición que ha trascendido el espacio local y que capta a miles de visitantes de todo el país y de Bolivia. Llegan con sus agrupaciones de danzantes y aportan bullicio y desborde. La música está en el ambiente: la zampoña y la quena se diferencian del quenacho, el pinkillo y el charango. Cuerdas y vientos compiten con los bombos. Estos últimos suelen dar puntaje a las bandas y, por eso, se sigue con especial ojo la perfomance de cada una. El domingo, cuando se rompieron los fuegos, se danzó sin tregua, hasta cumplir la presentación, pero luego las bandas tomaron las calles. Y, entonces, la noche se hizo eterna.

Religión y fiesta

El cineasta y poeta Omar Aramayo, conocedor de la cultura y tradiciones del altiplano, asegura que en Puno se celebran en realidad dos fiestas. La Fiesta de la Virgen (2 de febrero) es la celebración religiosa por excelencia. Incluye misa y procesión, y durante su desarrollo se presentan los conjuntos que vienen del campo trayendo sus danzas autóctonas. La otra es la Octava de la Virgen, que se celebra el 6 de febrero. Ese día se exponen trajes de luces y se aprecia ostensiblemente la presencia boliviana. “La presentan como una sola fiesta, pero son dos”.

Mañana, cuando la Fiesta de la Virgen revele los niveles de fe que la Mamita Candelaria genera, miles de devotos alrededor de la plaza principal de la ciudad participarán de la misa y luego harán el recorrido al panteón, para visitar a los integrantes de los grupos folclóricos que ya no están. En la tarde, la imagen sagrada recorrerá las calles en procesión. Folcloristas, bordadores, artesanos, confeccionistas de indumentarias, pobladores y turistas, acompañarán el recorrido danzando sobre alfombras de flores.

En la noche, el retorno de la sagrada imagen a su santuario es un momento emotivo, lleno de peticiones, agradecimientos y veneración. Surge esa parafernalia escénica y también reflexiva que se aviva aún más con los fuegos artificiales. Y es que, en estas fechas, Puno no deja de sonar ni de danzar. El movimiento se instala en el ADN del pueblo, en el que confluyen personas provenientes de muchas culturas, especialmente la aimara y la quechua.

Espíritu

La fiesta de la Candelaria es la fiesta del sicuri y sobre ella se han montado las demás danzas, las de las grandes bandas, los caporales y las morenadas, anota Aramayo, quien jura que en todos los años que llega a esta ciudad, el número de músicos y bailarines aumenta en forma considerable. Este año, calcula que participan 50,000, pero los visitantes podrían bordear las 100,000, lo que debería poner en alerta a las autoridades de la región para evitar el impacto negativo sobre una ciudad pequeña, como Puno, diseñada en 1850.

Y son los sicuris los que casi siempre rompen los fuegos de la fiesta, antes de dar paso a sayas, morenadas y diabladas, en un despliegue impresionante de color y sincronización. Estas dos últimas danzas son las que mayor participación de bailarines y músicos convocan: la morenada, un promedio de 18,000 personas; y la diablada, algo más de 9,000.

El 6 de febrero, día de la gran parada y veneración, los grupos de danzantes que un día antes participarán en el desfile de danzas mestizas retornarán a las calles para agradecer por tanta vida y vitalidad. Serán momentos de veneración.

Será un peregrinaje corto, empero suficiente para llegar hasta el santuario de San Juan Bautista y renovar las reservas de fe. Y allí estará la Mamacha adorada, con más oro que un danzante y con el mejor traje, de luces también, siempre dispuesta a servir y a proteger a sus fieles. Por eso es la Patrona de Puno. Por eso la veneran.


Opiniones


La presidenta de la Cámara de Comercio y Producción de Puno, Vilma Enríquez, afirma que “la festividad de la Virgen de la candelaria uno de los eventos más trascendentes de Puno, considerada capital folklórica del Perú, pues genera un movimiento económico que este año, según nuestros cálculos bordeará los 72 millones de soles. Además, se proyecta un promedio de 95,000 visitantes entre nacionales y extranjeros, mayor un 5.1 por ciento en relación al 2016”.

“Invitamos al turista a que nos visiten para que conozcan y disfruten de la festividad de la Virgen de la Candelaria, la majestuosidad de nuestras danzas y los lugares turísticos que ofrece Puno”, agregó.




Hechos históricos

En 1956, gracias a la participación del doctor Enrique Cuentas Ormachea, un intelectual puneño de primera nota, la celebración de la Virgen de la Candelaria pasa de ser una fiesta religiosa, espiritual, aldeana, a ser una fiesta espectacular, asegura Omar Aramayo.

“Por esa época, Cuentas hace una convocatoria para realizar una parada folclórica y logró que se constituyeran 12 conjuntos. En la actualidad superan los 150 conjuntos y algunos de ellos pueden tener hasta 1,200 integrantes”.

Hay también otro acontecimiento importante que tiene que ver con esta celebración: ocurre en la década de 1960 cuando arriba a Puno el escritor José María Arguedas y, en una de las actividades que realiza, declara que Puno es la Capital de la Danza Latinoamericana. Fue suficiente. Estos dos episodios resultaron determinantes para que prendiera la tradición y se expandiera de manera incontenible.

(FIN) Agencia Andina

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